Conflictos Socioambientales deben ser Analizados desde la Ciencia Posnormal

Muy de moda en la actualidad, el prefijo “pos” se ha convertido en aliado de muchos estudiosos sociales que buscan entender los procesos de la vida como realmente son: dinámicos, subjetivos, llenos de incertidumbre. En ese contexto surge la ciencia posnormal, útil para analizar problemáticas tan complejas como las socioambientales.

¿Pero qué supone esa sílaba? Según el sociólogo del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), Marx Gómez, con ella se reconoce la crisis epistemológica que la sociedad global del conocimiento está atravesando.

Mapire, a orillas del río Orinoco. Foto Ezequiel Siem

“Posdesarrollo, posmodernidad, poscapitalismo, ninguno de estos conceptos significa una fase superior a la anterior, sino la apertura de horizontes, grietas o puntos de fuga para opciones distintas”, aseguró.

En un artículo publicado recientemente en la revista Iberoamérica Social, Gómez propone el tratamiento de conflictos socioambientales, de profundo origen multifactorial, desde la llamada ciencia posnormal, desarrollada por el argentino Silvio Funtowicz y el estadounidense Jerome Ravetz en la década de los noventa.

Para Funtowicz y Ravetz, un problema es posnormal cuando “los hechos son inciertos, los valores están en disputa, lo que se pone en juego es alto y las decisiones son urgentes”. Según Gómez, esos atributos son opuestos a los rasgos de la ciencia convencional, caracterizada básicamente por la certeza absoluta y la neutralidad valorativa.

Marx Gómez, sociólogo del Centro de Estudios de la Ciencia del Ivic. Foto Edgar Jiménez

“Si el científico es un ciudadano incluso dentro del laboratorio, lo que está en juego está presente desde el momento de la formulación del proyecto de investigación”, indica en su artículo Gómez, profesional asociado a la investigación del Centro de Estudios de la Ciencia del Ivic.

La ciencia posnormal toma en cuenta el componente humano y apela a pronósticos políticos para garantizar la toma de decisiones con la mayor y mejor información posible, sin descartar los aportes de la ciencia tradicional e incorporando otros sistemas de conocimiento.

Es un enfoque propicio para abordar, por ejemplo, la creación de la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional “Arco Minero del Orinoco”, la cual abarca una superficie de 111.843 kilómetros cuadrados (aproximadamente un 12% del territorio venezolano) dividida en cuatro áreas que contienen diamantes, oro, hierro y coltán, entre otros minerales.

“Son temas que deben ser abordados más allá del entorno científico. No se trata solamente de las voces de expertos, cuyo conocimiento es válido y legítimo; también hay que involucrar el derecho de las comunidades indígenas en esos territorios y las opiniones de movimientos sociales y culturales”, aclaró el sociólogo del Laboratorio de Ecología Política del Ivic.

Impacto planetario

De acuerdo con Marx Gómez, el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina tiene contabilizados más de 150 disputas por proyectos de ese tipo en Suramérica. Ese dato en torno a la extracción de minerales en la región, le dio pie al experto del Ivic para articular la ciencia posnormal con la epistemología del Sur, postulada por Boaventura de Sousa Santos.

La epistemología del Sur, a juicio de Santos, no es otra cosa que la “búsqueda de conocimientos, y de criterios de validez del conocimiento, que otorguen visibilidad y credibilidad a las prácticas cognitivas de las clases, de los pueblos y de los grupos sociales que han sido victimizados, explotados y oprimidos por el colonialismo y el capitalismo globales”, se señala en el trabajo de Gómez.

Foto Ezequiel Siem

Uno de los desafíos a superar es, según Gómez, el hecho de que seguimos asumiendo lo social y lo natural como mutuamente excluyentes. “A la luz de este proyecto minero hay que plantearse seriamente si la justicia social se puede seguir sosteniendo con injusticia ambiental”, explicó.

En este punto, el sociólogo del Ivic saca a colación un tercer enfoque de aproximación: la ética planetaria, tomando como referencia al filósofo brasileño y teólogo de la liberación Leonardo Boff, para quien “toda ética nace de una nueva óptica”.

Para Gómez, la ciencia posnormal lleva implícita una inquietud ética. “El asegurar y mantener la calidad de la información que suministra, así como el reconocimiento de la pluralidad de personas que ponen algo en juego y la necesidad de entrar en diálogo con ellas, son algunos rasgos que evidencian dicha preocupación”, aseguró en su artículo.

En el marco de este diálogo, la idea convencional de naturaleza también se pone en duda. El estar “más allá de la naturaleza”, o lo posnatural sería, en palabras de la antropóloga británica Marylin Strathern, “una crisis de su identidad, de su significado: la transformación discursiva de su materialidad a través de la historia, por medio de factores culturales, sociales, económicos y políticos”, cita Gómez en su texto.

Definitivamente, el prefijo “pos” encierra mucho más que popularidad.

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